MARRUECOS Y EL DISCURSO DEL REY

Juan Carlos Moraga D.

DHSF.

La Fiesta del Trono en Marruecos, es una celebración que se realiza cada año en la fecha de coronación del rey Mohammed VI, que sucedió a su padre Hassan II el año 1999, correspondiendo este 2021 al vigésimo segundo aniversario de su nombramiento, ocasión en que hace un balance de lo realizado, logros y proyectos para el futuro. Este 30 de Julio los medios han destacado lo que concierne a Argelia, país con el que Marruecos no solo tiene fronteras, sino también una historia que los une y obliga a mirar juntos el futuro.

Durante estas dos décadas bajo el liderazgo de Mohammed VI, el rey ha sido reconocido por su esfuerzo para construir una sociedad moderna y democrática, posicionando a Marruecos como un país que junto con avanzar y consolidar su desarrollo,  ha sabido afrontar con ejemplar coraje temas dolorosos del pasado, como la violación de los derechos humanos y en su nueva constitución dejar establecidos los derechos de la mujer, de la familia, el papel de los organismos y organizaciones sociales, la función de los partidos políticos, el derecho al trabajo, a la educación y la salud. En un discurso anterior y en lo que constituye una verdadera clase de educación cívica Mohamed VI  ha manifestado:

“Vamos a seguir caminando y trabajando juntos a fin de superar los escollos circunstanciales y objetivos, disponiendo las condiciones adecuadas para llevar a la práctica los programas y proyectos de desarrollo, creando oportunidades de empleo y garantizando la vida digna. Así pues, hay que tomar en consideración que los asuntos de los ciudadanos no admiten postergación ni demora, porque no guardan relación con un determinado período. Las formaciones políticas serias son aquellas que apoyan a los ciudadanos, en todas las circunstancias”.

No todos los reyes o mandatarios tienen sentido autocritico al revisar sus actos y eso es lo que diferencia a Mohamed VI de otros gobernantes cuando dice:

“Más si todas las realizaciones y logros alcanzados por Marruecos y los marroquíes, en estas dos décadas, son motivo de satisfacción y orgullo, sigo sintiendo que algo nos falta en el ámbito social”.

La preocupación del rey por los más vulnerables se ha dejado sentir en esta pandemia no solo con los marroquíes, sino con una solidaridad efectiva y concreta con otros países de África, además de instruir a sus embajadores y embajadoras a través del mundo para que acudan en ayuda de los más vulnerables cuando esto sea necesario, como nosotros hemos constatado en Chile. Entonces, no debe sorprendernos en esta ocasión la franqueza y generosidad con que el rey en su discurso invita a sus vecinos de Argelia a superar diferencias:

 “la situación actual de estas relaciones no nos satisface ni beneficia a nuestros pueblos, amén de ser inaceptable para numerosos países […] lamentamos las tensiones mediáticas y diplomáticas que conocen las relaciones entre Marruecos y Argelia, que no hacen sino perjudicar la imagen de ambos países, dejando una mala impresión sobre todo en los foros internacionales.” Y agrega: “queremos renovar nuestra sincera invitación a nuestros hermanos argelinos para obrar conjuntamente, y sin condiciones, a fin de edificar unas relaciones bilaterales fundadas en la confianza, el diálogo y la buena vecindad”.

Claramente el discurso del rey es mucho más que un llamado a la buena vecindad  con el régimen militar que apoya, mantiene y financia a un grupo separatista investigado en tribunales españoles por graves crímenes de lesa humanidad que funciona en su territorio para atentar contra Marruecos, sino también es un llamado a la sensatez, donde las razones de estado se encuentran por sobre las motivaciones o compromisos ideológicos. La reconstrucción de relaciones entre La Habana y Rabat después de muchos años, donde el propio rey converso con Raúl Castro el futuro de esta relaciones,  debiera servir de referente a los gobernantes de Argel y tener en consideración, como ya lo hicieron los cubanos,  que la guerra fría es cosa del pasado y desligarse definitivamente de quien los mancha como país al cometer delitos desde su territorio convirtiéndolos en cómplices, y decidirse  a enfrentar el futuro pensando en su pueblo, lo que requiere tener algo del coraje de Mohamed VI y apretar la mano extendida desde Rabat.

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