EL POLISARIO, UN PROGRAMA DE RADIO Y LA AUTORIDAD PARA DENUNCIAR VIOLACIONES A LOS DDHH

Juan Carlos Moraga D.

Derechos Humanos Sin Fronteras.

Los últimos años se ha visto en América Latina un evidente  retroceso del frente Polisario, no solo en el plano político o diplomático, donde hace 10 años y sin pudor circulaban por parlamentos, embajadas, oficinas de partidos políticos y la sociedad civil para solicitar reconocimiento para su republica virtual instalada en territorio de Argelia, presentando esto como un movimiento de liberación que, con soberbia, trataron de instalar al mismo nivel de la causa palestina, lo que, al final del día,  no solo se ha demostrado como una gran falacia, como dice Chema Gil,  sino que hoy se ventila en tribunales españoles donde este grupo es investigado por robo de ayuda humanitaria, crímenes de lesa humanidad, violación de mujeres y mantención de cárceles secretas que, violando todos sus compromisos sobre derechos humanos, son toleradas por el gobierno de Argelia.

Hace unos días  en un programa de radio un periodista amigo del Polisario me increpó diciendo si “estaba consciente de las violaciones y delitos de Marruecos en su país y en los territorios liberados del Sahara y con qué autoridad yo podía atacar al Polisario”. Sobre esto creo que es bueno referirse en el orden de las respuestas en ese ese programa donde, además, estaba el director de la misma.

Lo primero es reiterar que en cuanto a  Marruecos, tuve oportunidad de visitar ese país, hablar directamente con quienes, habiendo sido miembros del frente Polisario y haber creído el discursos de sus dirigentes, por su disidencia fueron torturados y muchos de ellos encarcelados durante años sin proceso ni conocimiento de sus familiares, ocurriendo todo esto en territorio de Argelia, país miembro de las Naciones Unidas y por tanto obligado a respetar los derechos humanos. Las denuncias sobre estos abusos no solo constan en tribunales españoles, sino también ante la alta comisionada para los DDHH de la ONU, y todas las instituciones defensoras de los derechos humanos con las que una organización saharaui, que surge desde el corazón mismo del polisario como lo es ASADEDH, ha presentado estas denuncias.

Entonces, poner atención a las mentiras cuando dicen que “Moraga ataca al Polisario porque le pagan”. no corresponde, lo correcto es responder con la verdad y con los principios que me han animado durante más de 50 años, lo que nos obliga moralmente a denunciar en los escenarios que sea posible estos abusos, en cuyo escenario cuando se dice por radio aludiendo al polisario que “la dignidad vive en el Sahara”, la frase deja de tener sentido porque se está encubriendo dgraves delitos comunes y de lesa humanidad.

Lo cierto es que la descomposición parte de ese mismo grupo, donde en los últimos años en su interior se alzan voces para condenar los delitos de la cúpula y eso hay que destacarlo, escenario en que compartimos vereda con verdaderos luchadores antiimperialistas o socialistas, como lo es Viet nam, o el mismo José Luis Rodríguez Zapatero que participa activamente en el congreso fundacional del Movimiento Saharahui por la paz, organización que, en forma seria y responsable, hace propuestas para resolver la crisis artificial  del Sahara. Entonces, y como se dijo en ese programa, ha quedado demostrado donde se encuentra la falacia, donde la transparencia y que quienes denuncian los abusos  del Polisario no son “fascistas” ni torturadores, sino hombres y mujeres que, al ver estas violaciones, han sentido la obligación moral de denunciarlos, pues ven en estas prácticas una forma de fascismo cuya característica siempre ha sido la violación de los derechos humanos.

En cuanto a la autoridad con que ataco al Polisario, debo decir que efectivamente me siento con autoridad y lo hago desde hace años, cuando me informe que en Marruecos las violaciones a los derechos humanos cometidas en el pasado fueron reconocidas por el Estado y que por iniciativa del propio rey, se crea una comisión especial para investigar los abusos cometidos por agentes del estado y proceder a dar justicia y reparación a las víctimas, dando a conocer esto en programas de televisión para todo el país con el objeto de que estos lamentables hechos nunca más vuelvan a ocurrir. ESTO NO SE HA HECHO EN NINGUN PAÍS DEL MUNDO y observar como en un lugar tan distante de Chile ocurre un hecho tan hermoso, nos obliga moralmente a reconocerlo.

Entonces a la provocadora consulta al aire de que, con qué autoridad puedo condenar al Polisario, la respuesta es simple, porque yo en mi país y durante la dictadura he sufrido prisión política, porque tribunales militares me condenaron a 16 años de cárcel sin nunca haber cometido un delito y porque mientras sufría tortura con picana eléctrica y “submarino”, aprendí a valorar el respeto a los derechos humanos y condenar cuando estos derechos son violados, como ocurre con el Polisario y al mismo tiempo saber  valorar cuando el estado asume sus responsabilidades sobre etas violaciones y entrega justicia, verdad y reparación a las víctimas como ha ocurrido en Marruecos. Con esa autoridad hablo de estos temas y con esa fuerza respondí en el programa de radio, reiterando que efectivamente hay dignidad en el Sahara y ella se encuentra en quienes , demostrando un extraordinario coraje, se atreven a denunciar los delitos del polisario y ofrecer a los saharaui una alternativa realista, viable y humana para terminar con el sufrimiento de miles de refugiados que se han cansado de ser utilizados por una cúpula inescrupulosa y criminal y que, como está probado, se encuentra al servicio de un país que no es el suyo.

Para fines de octubre el departamento de extensión de la Universidad Tecnológica Metropolitana ha programado un debate sobre el Sahara donde  estarán los representantes del Polisario y se espera una activista saharaui de los Derechos humanos. Como he sido invitado, asistiré, porque, como he dicho, Tengo autoridad para hacerlo y la obligación ética y moral de denunciar los abusos de este grupo. Se lo debo a quienes, como yo, fueron torturados, perseguidos y encarcelados.

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