El encuentro de víctimas, el Polisario sin máscaras y derechos humanos sin fronteras: Mucho en común

Alfredo Iturriaga D. | IPS. Nueva York.

Este jueves 7 de octubre muchos se sorprendieron al ver  caminando juntos y conversando por las calles de Nueva York a un hombre ataviado con ropa típica del Sahara con una persona mayor, en tenida formal, donde no pocos se preguntaban que podían tener en común estas personas, aparentemente tan distintas. Luego nos enteramos que se trataba de Fadel Braika, ex integrante del frente Polisario que ese día intervino en la cuarta comisión de la ONU para denunciar  los atropellos de este grupo en contra de sus hermanos saharauis. Braika es uno de los principales querellantes en contra el jefe Polisario Brahin Ghali y lo hace la autoridad moral que puede tener un ex preso político y torturado en cárceles secretas que este grupo tiene en Argelia. Su acompañante, el de tenida formal es Juan Carlos Moraga que durante la dictadura de Pinochet sufrió prisión política y tortura, cuestión que explica la unión real y el amistoso encuentro de estos 2 hombres que caminan por Nueva York.

Consultado Moraga sobre su presencia en la ONU dijo que estaba allí para cumplir un mandato de derechos humanos sin fronteras, creada en Latinoamérica para defender estos derechos y utilizar todas las tribunas posibles para hacer justicia a las víctimas de atropellos donde quiera estos derechos sean violados. Sobre Braika dijo que: “ha sido una agradable sorpresa encontrarnos, pues ambos, aunque no habíamos podido conocernos personalmente, si sabía uno del otro por amigos comunes, como los miembros de la Asociación Saharaui para la defensa delos derechos humanos”.

Después de las intervenciones y fuera del recinto de la ONU se encontró la delegación de Derechos humanos sin fronteras con los saharaui, hombres y mujeres que concurrieron hasta la cuarta comisión para denunciar los delitos que comete a diario la banda del Polisario.

La abogada de DDHH de Colombia y miembro de la comisión por la vida en su país, Erika Botero, refiriéndose a la representatividad del Polisario  dijo:  

“También han perdido su representación  al restringir la libertad de asociación y reunión en sus campamentos; y de no aportar en la reconstrucción del derecho a la verdad al no informar el paradero de más de 300 saharauis desaparecidos entre los años de 1974 y  1990 cuando fueron apresados en cárceles secretas en el territorio argelino, según manifiesta la  Asociación Saharaui Para la defensa de los derechos humanos, institución creada por ex miembros del mismo grupo Polisario al tomar conciencia de los abusos”.

Y concluye: “No es posible entonces que los gobiernos, los políticos de turno y finalmente los estados promulguen declaraciones, ratifiquen Convenios y tratados y a la hora de actuar en defensa de los derechos humanos y la búsqueda de la paz, primen intereses particulares, desconectados de la realidad, generando consecuencias dolorosas para las personas que habitan lo en campamentos para refugiados administrados y controlados por este grupo en territorio de Argelia”.

Por su parte Juan Carlos Moraga, con la autoridad que le otorga haber sufrido prisión política y tortura bajo la dictadura de Pinochet según consta en el informe Valech de su país afirmó:

“Esta situación nos duele porque para justificar delitos y crímenes y sin responder a las graves acusaciones instaladas en tribunales internacionales, se distorsiona la realidad hablando de colonialismo en circunstancias que para resolver la llamada crisis del Sahara existe en Naciones Unidas una propuesta de autonomía regional presentada por Marruecos que ha sido reconocida y valorada por la inmensa mayoría de los países del mundo y que nosotros, el en sur de las américas, valoramos, especialmente porque ya quisiéramos que a nuestros pueblos originarios se les ofreciera una solución parecida. En las recientes elecciones efectuadas en Marruecos hemos visto como la inmensa mayoría de los saharauis en las provincias del sur han participado eligiendo a sus propios representantes para el parlamento y los gobiernos regionales y locales, superando con su participación a todas las elecciones efectuadas con anterioridad y que, por su número y representatividad, constituyen un verdadero referéndum, echando por tierra las pretensiones de un grupo separatista,  trasnochado, decadente y delictual como lo es el Polisario, según consta en tribunales de España”

Derechos humanos sin fronteras durante estos días, además de sostener importantes reuniones con otras organizaciones de los DDHH, ha consolidado su presencia al instalarse en Nueva York con una representante permanente: Luisa Fernández, quien tiene experiencia en trabajos solidarios y conocedora directa del Sahara, lugares que visitó antes de la pandemia, haciendo suya desde entonces la solidaridad con las víctimas y muy especialmente con quienes sufren en los campamentos del Polisario.

Entonces, la pregunta inicial de que pueden tener en común personas tan distintas como los dos hombres que caminan por las calles de Nueva York, la respuesta es simple: Ambos sufrieron prisión política, ambos fueron torturados y ambos han resuelto dedicar el resto de sus días a defender los derechos humanos, a quienes se unen mujeres como Botero y Fernández que, sin pedir nada a cambio, han asumido esta como una causa de vida. Sin duda, tienen mucho en común.

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