Sobre la diplomacia cultural

Por Rachid Amahjour.

Director del Palacio de Artes y Cultura de Tánger.

Traducido por Randa Jebrouni.

No cabe duda de que toda índole de relaciones requiere flexibilidad, afectuosidad, entendimiento y compostura. Particularmente, si entran en juego los intercambios y negociaciones, o al tratarse de situaciones difíciles de solventar que demandan soluciones de problemas y cuestiones que imponen equilibrio de poderes, donde no caben ni vanidad, ni rumores, ni obstinación, ni exacerbaciones, incluso entre miembros de una sociedad, ni altanería y ni siquiera indiferencia. La diplomacia cultural ha ganado con total respeto un lugar en el seno de las políticas públicas, y ha sido adoptada por países y sociedades de una manera muy cívica y exitosa.

¿Por qué no ha sido adaptada por todo el mundo, o al menos por países considerados ricos culturalmente, como es nuestro caso, un país que se distingue por un rico patrimonio cultural del que pocas sociedades gozan? Nuestra riqueza cultural atrae a los mejores investigadores, a cultos turistas y amantes de la cultura y artes, hasta el punto de preguntarnos por la falta de su promoción como es el caso de algunas producciones artísticas mundialmente conocida. Tal es el caso del flamenco, y la paella españoles; el rock, el McDonald y la Coca-Cola estadounidenses; el queso francés y la pizza italiana. Muchos son los ejemplos que conquistaron el mundo en el comercio, el turismo y la diplomacia, donde claramente destaca la participación de la sociedad en promover su cultura junto a la diplomacia de su país, aprovechándose de todas las posibilidades y ocasiones, situaciones y relaciones. La diplomacia es indudablemente arte y cultura, carácter, procedimiento, conducta y ética, además de una política de alto nivel y nunca lo contrario a estas características y normas. Y como dependen de lo político, precisan de una formación profunda, fuerte y sobria. Además de una sólida y sabia experiencia, tampoco puede carecer de cultura e imaginación, lo que inevitablemente acaba creando personalidades políticas de una característica u otra.

A pesar de que los estudios de diplomacia cultural se han integrado como apartado importante en la diplomacia general, con una metodología efectiva en la práctica por su repercusión en un brillante intercambio cultural y artístico, se plantea la pregunta sobre la ausencia de su enseñanza y desarrollo de sus departamentos, que ya parecen algo tangible y prometedor, como lo son los eventos oficiales de países y organizaciones aludidas de todos los continentes y países en áreas de las artes en todas sus variedades patrimoniales, tanto actuales como contemporáneas. Todo ello produce en la vida de los diplomáticos y de la diplomacia mundial un gran vacío en la vida de la diplomacia en todo el mundo, que se ve afectada por la tensión e intransigencia, incluso entre países más cercanos cultural, geográfica e históricamente. Y pese a que el tema de la implementación de la diplomacia cultural resulte difícil de aplicar por razones ya aludidas y otras más, especialmente para los países próximos, y no tanto para los países lejanos, porque se han convertido en prioritarios en el turismo que impone la puesta en marcha de las actividades culturales y artísticas en sus políticas y programas.

Más allá de intercambiar ideas, cultura y artes entre países con el fin del acercamiento y la comunicación mutuos, la diplomacia cultural suele ser una inversión a medio y largo plazo de productos que pueden ser consumidos por el otro, en diversas formas, por los que pertenecen a un país, e incluso a los turistas que lo visitan. Al mismo tiempo es una penetración suave y tangible, con una influencia que hace que los productos culturales y artísticos se vuelvan locales, y las relaciones se conviertan en íntimas, donde el otro se convierte en su defensor, incluso más que de su propio producto. Es lo que vemos generalmente triunfa en los modelos de diplomacia cultural occidental, que tras su constancia y perseverancia consigue su consolidación y éxito, hasta su apropiación y defensa por parte de sus receptores. Con el tiempo crece y atrae a los políticos que terminan por consumirlo en sus reuniones, también lo adoptan, disfrutan y defienden los consumidores, lo implementan los promotores y auspiciadores en intercambios culturales patrocinados por ministerios de la cultura, y ministerios del exterior entre otros. O bien se les destinan fondos y presupuestos especiales, donde la diplomacia cultural puede trazar su propio camino que se desarrollaría en el marco de una colaboración con intelectuales y artistas, con una conciencia social que toma en consideración sus intereses y los defiende sin destruirlos ingenuamente, como suelen atestiguar algunos medios de comunicación.

Como la diplomacia cultural ofrece todas estas posibilidades se debería acceder a esta práctica para mejorar la imagen del país y su gente, para que se conozca quiénes somos, y qué poseemos. Nuestro país goza de una bella naturaleza, de riquezas, de artes patrimoniales, tanto actuales como contemporáneas, de personalidades que sellaron sus obras en moda, cocina, y arquitectura ecléctica y tradicional. Todo ello con el fin de integrarlo en programas por fases y otros fijos, según su valor y los países y las relaciones que las acogen, hasta los centros y las instituciones de investigación científica. De este modo, las relaciones prevalecen y la comunicación se desarrolla con la profundización del entendimiento por medio de ideas y valores y así se aproximan las visiones para dar lugar a una mayor flexibilidad en la solución de cuestiones que antes precisaban de largas negociaciones. Tal es el ejemplo del Brexit entre Reino Unido y Europa, o entre los países de la Unión Europea misma. Las cuestiones y los problemas se discuten y resuelven de modo sosegado donde priman las visitas a los museos, la asistencia a celebraciones culturales y artísticas, y de invitaciones fuera del espacio y el tiempo de los temas políticos y económicos más escabrosos, que se plantean. Con toda seguridad, las cuestiones que se desvían de este camino quedan estancadas y laboriosas durante su tratamiento hasta un tiempo indefinido, como es, entre muchos, el caso de la crisis de las presas entre Egipto y Etiopia.

Nuestra apuesta por este tipo de diplomacia no se detiene únicamente en una actividad pasajera como fruto de alguna voluntad política o diplomática; se trata de todo un proyecto diseñado que merece fundarse en forma de un departamento entre los departamentos de estudios diplomáticos; por ello requiere especialidades y prácticas. A la vez que establece los medios para su implementación y aplicación en la actividad cultural y artística local y exterior, vinculándolo con instituciones de formación artística en todas sus especialidades; con la integración en sus programas de los mejores y más insignes intelectuales y artistas y otras personalidades marroquíes influyentes y conocidas dentro y fuera del país. La condición esencial sería su concepción por las personas aludidas y por la sociedad, para encontrar su voz en el ámbito social y turístico hasta tener sus propios programas, ecos y reputación; y se faciliten los modos de difundirlo para impulsar el desarrollo del gusto de la sociedad; su concienciación de la importancia de la cultura y artes en su vida interior y exterior y donde su verdadero documento de identidad sea la cultura y las artes.

En este contexto general de la diplomacia cultural que parte de la formación, activación, e implementación a nivel interior y exterior, hay que preparar programas constantemente, y ejecutarlos administrando el rico patrimonio de nuestro país, tanto las acumulaciones actuales como las contemporáneas y las riquezas naturales, aquellas que sedujeron a los turistas y a los amantes de la belleza artística y natural desde tiempos pretéritos, y terminaron por asentarse en nuestro país. Ni los costes de dichos programas serán altos, ni las tentativas serán desconocidas o equívocas, sino todo lo contrario. Deberán partir del conjunto de conocimientos incluso fuera del país en fuentes y referencias internacionales, así circulará con nuestra diplomacia por los países amigos paulatinamente. Con en el fin de promoverla esperando que surja su demanda deseada; para que tenga carácter propio y mundialmente conocido, con el compromiso serio y el rigor profesional en todo lo relacionado con las selecciones, las gestiones, la administración la comunicación y la interacción esencial, que puede transferir nuestro más bello legado y presentar los tesoros de nuestro patrimonio inmaterial, y toda nuestra cultura y artes actuales y contemporáneas como lo son la música, la canción, el teatro, el cine, el baile y la pintura en todas las partes del mundo. Así lo observamos en la habilidad de algunos países diplomáticamente fuertes como China e India entre otros muchos.

Nuestro país necesita con urgencia la diplomacia cultural. Marruecos posee razones que le llevan a pensar seriamente en este tipo de diplomacia, considerándola no solo una herramienta eficaz de defensa y logro de sus apuestas, sino también como metodología y soporte para el desarrollo de sus relaciones, cuyas necesidades en la actualidad son tangibles tanto en Europa, Asia, América Latina y sobre todo en África, donde la política y la economía no serán el único acceso para desarrollar sus relaciones con los países africanos, por ejemplo, y alcanzar sus metas. Lo que nos une a los países africanos es un profundo imaginario cultural. Por esta razón nuestro país debe organizar esta labor en el seno de una institución especializada en los asuntos de la diplomacia, vincularlos en el marco de una labor conjunta entre ministerios e instituciones, y también entre los sectores culturales vinculados, que pueden comunicarse con los grupos sociales, para que se produzca bajo las directrices y orientaciones de un consejo científico especializado y capacitado para asegurar la inserción del proyecto, su continuidad hacia la transformación de la sociedad marroquí, de la diplomacia dentro de un modelo civilizado, sosegado e idiosincrásico de la personalidad marroquí.

Asociación de amistad y solidaridad.

Marruecos y América Latina.

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